«Primate», el más reciente proyecto de horror del director Johannes Roberts («Terror a 47 metros»), se ha presentado como una adición singular y visceral al subgénero de ataques animales, fusionando el terror slasher con la crudeza del cine de gore. La película aborda la historia de Ben, un chimpancé mascota que, tras ser infectado con rabia, se transforma en una máquina de matar contra sus propios cuidadores y la familia que lo acogió. «Primate» ha generado un consenso particular entre la crítica especializada: es un filme implacablemente cruel que utiliza su premisa para ofrecer un espectáculo de violencia que es tan efectivo como despiadado.
La obra traza una línea clara con clásicos como «Cujo» de Stephen King, en el sentido de que un animal doméstico sucumbe a una enfermedad que lo convierte en un monstruo. Sin embargo, «Primate» lleva esta premisa a un nivel de terror más íntimo y perturbador, recordando el escalofriante poder de la confrontación animal vista en momentos cruciales del género.

Maestría en el ritmo y la ejecución práctica
La película se beneficia enormemente de una duración ideal que la mantiene como una experiencia cinematográfica entretenida y tensa sin caer en el relleno. El ritmo está diseñado para torturar al espectador, prolongando la anticipación antes de cada explosión de violencia.
Un aspecto crucial que eleva la calidad del filme es su compromiso con los efectos prácticos y el diseño de criatura. La dirección evita depender exclusivamente del CGI, utilizando un especialista en movimiento, Miguel Torres Umba, para interpretar al primate en momentos clave. Umba logra dotar a Ben de una calidez inicial que hace que su transición a la locura rabiosa sea más trágica y aterradora. Aunque se emplea tecnología digital para las secuencias de acción más intensas, la implementación de un traje y la actuación humana añade una cualidad sorprendentemente inquietante al chimpancé, cuyo rostro se vuelve más endemoniado a medida que avanza el virus. Esta mezcla de técnicas es celebrada por la crítica como un acierto que le otorga un peso físico a la amenaza.

El slasher y la trampa de la casa
Primate sobresale al mezclar el horror de ataque animal con los tropos del slasher, convirtiendo a Ben en un ícono comparable a los villanos ochenteros. La película se desarrolla en una mansión lujosa, pero aislada en Hawái, cuyo diseño es central para la acción. La casa familiar está construida alrededor de una piscina de borde infinito tallada en un acantilado, un lugar de esplendor que rápidamente se convierte en una jaula de oro para Lucy (Johnny Sequoyah) y sus amigos.
Roberts utiliza este set-piece de manera ingeniosa: los protagonistas se ven atrapados en la piscina, ya que el chimpancé no puede nadar. Sin embargo, Ben emplea su inteligencia casi humana—la película enfatiza que puede usar herramientas y el lenguaje de señas—para atormentar a sus víctimas. El tono de la película en estas escenas es intencionalmente sádico, ofreciendo espectáculos de masacre que, en palabras de la crítica, son a veces enfermizos y otras veces extrañamente alegres, manteniendo al público en un estado constante de cruel anticipación.

Inclusión y el vacío de la comunicación
El filme añade una capa dramática inesperada a través de un inteligente giro de guion. La película destaca el aspecto inclusivo de su reparto, ya que el padre de Lucy, un autor, es interpretado por el actor Troy Kotsur («CODA»), quien es sordo y se comunica mediante lenguaje de señas.
Este elemento narrativo eleva la tensión a niveles insoportables. La capacidad de Ben para comunicarse, aunque imperfecta, contrasta con la tragedia de su enfermedad. Más aún, la sordera del padre se utiliza para derivar una tensión escalofriante, ya que las desesperadas súplicas y gritos de auxilio de su hija y amigos se pierden. El silencio del padre contrasta con el rugido de la rabia del animal, transformando la comunicación fallida en un dispositivo de terror muy efectivo que acentúa la sensación de aislamiento y desesperanza de los personajes.

En conclusión, «Primate» es un proyecto que triunfa gracias a su enfoque sin concesiones al gore y el terror. Su duración ideal, su compromiso con los efectos prácticos y la integración inteligente de elementos dramáticos, como la comunicación y la inclusión, la establecen como una experiencia cinematográfica memorable para los amantes del horror que buscan una película entretenida, brutal y altamente efectiva.

