Karin Cuyul: «El plan de reconstrucción nacional no es nuevo, ya se intentó implementar en Dictadura»

Karin Cuyul: «El plan de reconstrucción nacional no es nuevo, ya se intentó implementar en Dictadura»

La directora de «La vida que vendrá» (2025) ahondó sobre el proceso del documental, el cual vimos y reseñamos antes de su estreno. Además, reflexionó sobre el impacto de la película en el público tras su estreno el pasado 7 de mayo, y conectó los relatos de la obra con la situación política y social que se está desarrollando en Chile.

El hilado de los archivos

¿Cuáles fueron los desafíos de hacer una película no lineal? Que es una característica que destacas como relevante a lo largo del filme.

La película se podría dividir en tres etapas grandes. La primera es justo al momento de escribir la propuesta o el guion. Ahí el desafío fue el cómo escribirlo para que se sintiera la no-cronología, la negativa a hablar de nuestra historia en un orden. Todo esto sin tener tan a la mano los archivos, ya que ahí escribí ideas de cosas que me podría encontrar sin haber visto tanto. Creo que lo que me ayudó bastante para romper la cronología fue relacionarnos más afectivamente con esta ciclicidad de la historia.

Luego vino la búsqueda misma, que fue súper disciplinada y tenía que ser de esa manera. De otra forma no se hubiese podido lograr esta película por toda la diversidad de archivos que encontramos. Algunos tuvimos que abandonarlos desde el inicio porque no sabíamos si íbamos a encontrar los originales, y el organizar esa información fue un aspecto clave que más tarde influyó en el texto que construye la película.

En el montaje, hicimos una primera versión sin voz en off, y al principio consideré la idea de que la película quedara así. Ese armado fue importante para terminar de entender las imágenes, cómo organizarlas y que se sintiera algo, aunque no tuviese un relato que guiara esa edición.

La última etapa fue la de la escritura. Aunque yo trabajo bastante con texto de voz en off, esta fue particularmente difícil. Creo que fue porque las ideas eran un poquito más difíciles, y también por cómo hilar justo en medio del campo de las ideas con la línea personal.

¿Cuáles de esas primeras ideas que tenías se vieron trastocadas por la realidad de lo que encontraste en el archivo?

Al inicio de la escritura, estaba muy latente mi sensación optimista del proceso constituyente. Entonces, cuando ocurre el plebiscito fracasa y de la forma en que ocurrió también, se rompió algo. Tuve que cambiar el modo de ver las cosas, entenderlas de otra manera y porque además yo entré en un proceso emocional muy pesimista, que es lo que después relata la película.

Pero justamente los archivos amateurs que fuimos encontrando me ayudaron a entender cómo es esa particularidad de las personas y sus momentos, cómo encontrar cierta fortaleza y a no quedarme únicamente en mi espacio adolescente del pesimismo. Entonces, estos archivos empiezo a verlos desde un lugar de resistencia. Esas personas que aparecen ahí resistieron a un montón de cosas y eso me ayudó a darle el cierre a la película.

Curiosamente, me hubiera gustado al principio trabajar más con archivos de tele, ya que crecí en los noventas muy pegada a ella. Pero en el proceso descubrí que ese material no es el que le hacía mayor justicia a la película que estaba haciendo, y me concentré más en esta capa de la gente anónima.

Fuente: Festival Internacional de Cine Las Palmas de Gran Canaria.
Es común que en el documental se tienden a acotar los hallazgos de la investigación. ¿Qué líneas alternativas que no vieron la luz crees que hubiera sido relevante contarlas?

Más que extrañar una línea temporal, siento que encontré cosas nuevas en las que yo no me había fijado, entonces no es como que haya perdido algo en el proceso. Los archivos que encontramos (y el cómo los encontramos) me hicieron abrir la cabeza a algo que empezó siendo más acotado. Derivó en la amplitud del material mismo, de las personas con las que yo me estaba relacionando, que eran los dueños de los archivos tanto las instituciones como estos cineastas amateur.

En cuanto a archivos, hay una película holandesa que está en el Museo de la Memoria y que no pudimos utilizar por temas de derechos de autor. Ese archivo es muy bueno, pero sabes que al final yo la veo y pienso «Encontré lo que necesitaba encontrar».

Vínculos con la contingencia

«La vida que vendrá» terminó de producirse a inicios del 2025, por lo que han pasado muchas cosas. Dado el tono de la película ¿Cómo percibes que la sociedad chilena se está tomando el panorama político actual?

Desde el 2019 hasta hoy, siento que todo ha sido demasiado vertiginoso y acelerado para Chile, entonces no terminamos de procesar un momento y ya estamos entrando en otro nuevo. Lo que me preocupa actualmente es que sea tan fácil hacer una especie de regresión, a propósito de nuestro momento político actual. Y lo digo por el plan de reconstrucción nacional, que no es una idea nueva, eso ya se intentó implementar antes.

Ahí mismo en la película hay un archivo de una propaganda de dictadura hablando de esta idea de achicar el Estado, la reconstrucción nacional, etcétera. Eso refuerza la ciclicidad de nuestra historia, y que hay un proceso político pendiente que no está saldado ni de un lado ni del otro. Entonces me parece que en este minuto lo que se está implementando desde el gobierno actual es querer terminar una tarea pendiente en lo económico.

¿Has podido ver cómo es la respuesta emocional de la gente ante la situación que estamos viviendo ahora? ¿Cómo percibes que la gente está reaccionando frente a eso?

De los cine foros en las distintas ciudades donde hemos estado, lo primero que veo es que la gente tiene ganas de conversar de lo que les pasa. En ese sentido, la película conecta muy bien con la emociones de las personas, logra manifestar un estado de algo que muchas veces nos es difícil hablar en nuestros círculos.

Hay otra cosa, y esto no lo tenía previsto, es que encontrar estos materiales inéditos de la Unidad Popular resuena mucho en la audiencia. En esos detalles está la posibilidad de esperanza o de salir del estado en el que estamos cierta parte de los chilenos. Eso me conmueve un montón, porque a veces uno piensa que todo esto es algo que uno está pensando en su cama, en soledad, pero resulta que no, que hay ecos en más personas.

Considerando que es una película muy personal desde lo emocional, ¿qué te gustaría que provocara en la gente que la vea?

Algunas personas recogen bien la idea de la última decisión de que no va a ser una película triste. Otros me dicen que no, que sí es triste.
A veces la gente espera que yo tenga la respuesta de las cosas, pero obviamente no las tengo, es una película mucho más de preguntas. Pero lo que quisiera que les deje, que es lo que a mí me pasó, es que no se nos clausure la posibilidad de seguir soñando.

Karín Cuyul y Marisol Águila en el conversatorio de la película, realizado en el Centro Arte Alameda.
Fuente: Diario Universidad de Chile.

Diálogo con la historia y otras obras

¿Cómo crees que tu película dialoga con el resto de las obras sobre el tema Dictadura?

Un acierto que tiene la película es que, a través del archivo encontrado, abrió espacio a estas voces que son poco escuchadas. El relato se ubica desde los márgenes de la sociedad, tanto los realizadores de ese archivo como las personas que aparecen en él pasan a ser protagonistas.

Algo adicional es que el archivo a color ofrece una nueva forma de posicionarnos frente a imágenes que ya hemos visto, de un periodo que ya conocemos (Unidad Popular y Dictadura) y del que pensábamos que ya se había visto todo al respecto. El color te hace caer en cuenta de que 50 años no es tanto tiempo.

Sobre la misma línea, existe este estereotipo de que en Chile se hacen solo películas de la dictadura. ¿Crees que este prejuicio te ha condicionado al momento de crear?

No, porque entre medio de «Historia de mi nombre» (2019) y de «La vida que vendrá», hice un corto que también se estrenó en Valdivia, «Notas para el futuro» (2023). Y es súper distinto, es otra cosa. Que justo fue bueno haber hecho ese puente entre una (película) y otra. Porque si no hasta yo misma me diría «Ya, sal de ese vehículo».

Sí creo que ambas películas dialogan mucho, o más bien se responden. «Historia de mi nombre» estaba acotada a una situación familiar que se amplifica con la historia del país, y esa película me dejó unas preguntas que fueron resueltas ahora. Muchas de esas preguntas eran sobre nuestra historia, y justamente acerca de cómo habitamos en los márgenes y de quiénes habitaron esos márgenes. Ahora, creo que voy a seguir el mismo camino con «Historia de mi nombre» y me gustaría hacer un cortometraje.

¿Qué recomendaciones le dejarías a la gente que le gustó «La vida que vendrá»?

Si a alguien le gustaría saber más sobre la desafección política, hay un libro que se llama «Melancolía de izquierda» de Enzo Traverso. Es un texto político que entró al final del proceso, me ayudó a destrabar las ideas e impactó en mi relación con el tema de la derrota. No tiene nada que ver con cine, pero es interesante y se pueden encontrar respuestas ahí.

Puedes ver el tráiler de «La vida que vendrá» aquí:

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