Retratar contextos marginales siempre es dicífil, pero hacerlo desde la visión de las infancias es un reto aún mayor. Sin embargo, es un desafío que «Kaye», película chilena del director Juan Cáceres, enfrenta con agilidad, dando un retrato respetuoso, crudo y real, pero con toques de ternura y esperanza.
«Kaye» cuanda la historia de Yeka, una niña de 12 años que vive en Villa Las Loicas, una megatoma que atraviesa los cerros de Cartagena y San Antonio. Su infancia se ve marcada por la trágica muerte de su mejor amiga, quien fue impactada por una bala loca durante el show del cantante urbano Benji de Las Loicas, hermano de Yeka. A raíz de eso, y en medio del duelo, comienza a hacer frente a la realidad de su familia y su barrio.
Sin estigmas, ni victimismo
Sin duda, lo mejor de esta película es como pone en la pantalla grande una realidad difícil, pero libre de estigmas y clichés. Se posiciona desde una toma y muestra la necesidad, el tráfico y consumo de drogas, y los problemas cotidianos, pero también destaca el espíritu comunitario, la humildad, la solidaridad y la fortaleza de las familias. No se siente inventado, ni sacado de una investigación social de academia, la autenticidad traspasa la pantalla y llena de empatía al espectador.
Además, muestra cómo la música urbana es la salida de escape para muchos jóvenes que crecen en contextos difíciles. Como sus letras, que hablan de la realidad en la que viven, los ayuda a volverse famosos y generar ingresos para sus familias. Mostrando siempre un estilo de ganster que juega con el morbo y el imaginario colectivo de lo que tiene que ser un joven de población, pero que también refleja esa coraza que caracteriza a quienes enfrentan la adversidad a diario.

La película camina por las calles de Villa Las Loicas sin juzgar y en gran medida es gracias al impecable trabajo de su director Juan Cáceres. No obstante, esto no es de extrañar, ya que su debut en el cine fue con «Perro Bomba», historia sobre la discriminación que enfrenta la inmigración haitina en Chile. Sin duda, un cineasta que utiliza sus películas como herramienta social, lo cual siempre se agradece.
Infancias en pantalla
Otro aspecto a destacar es la actuación de la joven Antonella Bravo y el resto del elenco infantil. No hubo una elección de nepobabies, sino que se realizó un casting en la misma localidad, resaltando el talento de pequeñas que viven en los cerros de Cartagena y conocen su realidad.
El elenco supo graficar el dolor de la pérdida, las preocupaciones y preguntas que cargan, y ese toque de inocencia que choca de frente con las injusticias y precariedad de su entorno.

«Kaye» es una de esas películas que abre las puertas a la reflexión y que, sobre todo, te hace sentir mucho. Una cinta que merece ser vista en el cine y considerada un retrato de nuestra sociedad actual.

