Equipo Kaye

Juan Cáceres: “Kaye busca mostrar la ternura dentro de la crudeza de la infancia popular”

En su nueva película «Kaye», el director chileno Juan Cáceres vuelve a los márgenes para retratar, con sensibilidad y respeto, la vida en los campamentos. Después de «Perro Bomba», el cineasta continúa explorando la dignidad, la comunidad y la resistencia de quienes habitan los bordes del país, esta vez desde la mirada de una niña.

En «Kaye«, Juan Cáceres profundiza una línea de trabajo que ya había delineado con «Perro Bomba»: un cine que habita lo social desde la humanidad, que se sumerge en las tensiones del Chile popular sin caer en el estigma ni en la idealización. En esta ocasión, su historia se desarrolla en el campamento Villa Las Loicas de Cartagena, donde el director y su equipo encontraron algo que los medios suelen pasar por alto: unidad, seguridad y comunidad.

“Llegamos a Las Loicas casi por invitación”, cuenta Cáceres. “Conocimos a una de las dirigentas, Gabriela Almuna, a través de un trabajo político que hacíamos con mi colaboradora Kathy Luke. Ella nos dijo: ‘vengan a grabar aquí’. En ese momento estábamos buscando locaciones y nos costaba encontrar barrios donde hubiera cohesión, donde la gente se conociera y se apoyara. En Las Loicas encontramos eso y más: encontramos seguridad y una comunidad organizada, algo que va contra el prejuicio instalado por los medios”.

Esa experiencia marcó no solo la elección del lugar, sino también el tono de la película. «Kaye» no busca higienizar la realidad ni romantizarla, sino mostrar su complejidad, reconociendo las sombras sin borrar la ternura. “Tuvimos muchas conversaciones con las vecinas y los vecinos. Ellos mismos nos decían: no escondan lo que pasa, pero háganlo desde la humanidad. La película permite mirar de cerca lo que los noticiarios suelen mostrar desde el miedo. Te acerca a las personas, a sus sueños, a sus ganas de vivir tranquilos en un entorno que muchas veces les da la espalda”.

La representación sin estigmas

Para Cáceres, rodar en una toma es también una cuestión ética. Su equipo se preocupó de que la filmación no alterara la vida cotidiana del lugar. “Un rodaje es una invasión”, admite. “Entonces había que hacerlo con cuidado. Desde el catering hasta el transporte, procuramos que parte del trabajo lo hiciera gente de la comunidad. Eso no solo activa la economía local, también hace que la película respire al mismo ritmo del barrio”.

Escena pelicula Kaye
Escena de la película «Kaye»

En lo narrativo, el guion también se transformó a partir del diálogo con el territorio. Uno de los temas que atraviesa la historia es el microtráfico y la violencia, asuntos que suelen tratarse de forma estigmatizante. “En una versión anterior lo abordaba de manera más dura, casi como una tesis sobre la ausencia del Estado. Pero al conocer la vida real de la toma, decidí cambiar esa línea. Quise trabajar desde la ambigüedad, desde el código popular donde ser ‘sapo’ es una condena social. Así, cada espectador puede sacar sus propias conclusiones según su experiencia. Si vienes desde fuera, verás una cosa; si conoces la vida comunitaria, verás otra. Eso me parece hermoso: la película se completa en la cabeza de quien la mira”.

Retratar sin idealizar

«Perro Bomba» permitió a muchos espectadores acercarse por primera vez al mundo migrante desde la empatía. «Kaye», dice su director, puede generar un efecto similar con los campamentos. “Creo que mucha gente opina de las tomas sin haber estado nunca en una. Esta película te pone ahí, te permite sentir lo que significa vivir en esos espacios. Y entender que lo que hay son familias llenas de sueños, de resistencia, de ganas de tener una vida digna”.

Esa intención también se traduce en la forma de filmar lo popular. Cáceres evita los extremos del retrato social: ni los ángeles ni los villanos. “Los medios y el cine hegemónico tienden a fetichizar a los sujetos populares. O los elevan como héroes inmaculados o los reducen a delincuentes. Nuestro desafío fue mostrar la contradicción, la humanidad real. Lo popular también tiene ternura, amor, contradicciones. Y creo que el cine chileno está viviendo algo bonito en ese sentido: hay una nueva generación contando estas historias desde dentro”.

Antonella Bravo protagonista de Kaye

La infancia como mirada

La protagonista de «Kaye» es Antonella Bravo, una niña de 12 años que, al igual que su personaje, vive en una toma. “Para mí es histórico”, dice Cáceres. “Antonella es la primera actriz chilena que protagoniza una película viviendo en una toma. Es una heroína de las clases populares”.

Originalmente, el director pensaba contar la historia desde el punto de vista de un joven cantante urbano, pero decidió centrarla en la hermana de ese músico. “Al mirar desde ella, la historia se volvió más profunda. No es solo sobre el éxito, sino sobre lo que se queda atrás: la familia, la infancia, el duelo. Además, me interesaba que las niñas tuvieran voz. En el cine, muchas veces se las elige solo para repetir instrucciones. Nosotros queríamos que participaran, que opinaran. Antonella me decía cosas como: ‘esa frase no la diría así’, y la cambiábamos. Eso le da a la película un corazón muy real”.

«Kaye» también dialoga con el boom de la música urbana chilena, fenómeno que Cáceres observa con atención desde hace años. “La idea de hacer una película sobre este tema me surgió en 2018, inspirado por Pablo Chill-E y el trap como nuevo punk. En la película, el personaje del hermano de la protagonista, Benji de Las Loicas, está inspirado en esos artistas que saben que el mercado los mira de manera fetichista. Hay una escena donde él dice: ‘si tengo que jugar con el morbo de esos periodistas para sacar a mi familia de la pobreza, lo voy a hacer’. Ellos son conscientes del juego y lo utilizan a su favor”.

El film incluye canciones originales como Vengo de Pobla, cuyo videoclip ya circula en YouTube. “Esa primera canción reproduce los estereotipos del género: armas, dureza, sobrevivencia. Pero a medida que avanza la película, las letras cambian, se abren a otros temas. Quería mostrar esa evolución, porque la música urbana hoy ya no es una sola cosa: hay ternura, hay crítica, hay identidad”.

Crudeza y ternura

En el corazón de «Kaye» late una mezcla de dureza y delicadeza. “La vida en los contextos populares no te permite caer”, reflexiona Cáceres. “Hay que seguir, incluso cuando todo se derrumba. Nuestra protagonista atraviesa el duelo, pero sin tiempo ni herramientas para detenerse. Y eso, aunque no sea el ideal, también es una forma de resistencia. Lo que mantiene viva a la gente es la ternura, el cariño, la unión”.

«Kaye», dice, es una película sobre mirar con respeto. Sobre cómo la infancia, incluso en medio de la precariedad, puede ser una fuente de fuerza y esperanza. “La ternura es lo que nos salva. Por eso quería que estuviera en cada plano. Porque en la calle también hay amor, y eso merece ser contado”.

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