Este jueves 13 se estrenó en los cines nacionales la nueva película del director chileno José Luis Torres Leiva, una obra marcada por temáticas como el duelo, el poder sanador de la naturaleza y los vínculos sociales, cuyo escenario es la zona austral de Chile.
“Cuando las nubes esconden la sombra” relata la historia de María, una actriz argentina que viaja a Puerto Williams para filmar una película. Sin embargo, ya instalada en el lugar recibe un llamado de la directora de dicha obra audiovisual, que le comunica el retraso del rodaje debido a las malas condiciones climáticas de la zona, que impidieron que el resto del equipo llegara a tiempo.
Sin conocidos en el lugar, más que la mujer que la recibe, María decide descansar. No obstante, al amanecer del día siguiente sufre un fuerte dolor en su espalda baja, lo que la obliga a movilizarse hacia el centro de salud más cercano.
Es ese el momento en que un simple retraso es la excusa perfecta para que la protagonista se adentre, a través del azar, en escenarios en los que va conociendo a diferentes personas, como la señora Teresa que atiende su propio negocio, un científico que estudia insectos microscópicos en un bosque, una adolescente que toca el violín, una madre y su hijo (ambos del pueblo yagán), la curandera de su dolencia física y emocional, entre otros.
Habitando una de las ciudades más australes del mundo, recorriendo sus calles, bosques, ríos y paisajes de una belleza indescriptible, la actriz que está a la espera de algo, finalmente se da el tiempo de ir soltando las ataduras, lo que da paso a la reaparición (o aceptación) de sus dolencias emocionales, en este caso el duelo que sobrelleva tras la muerte de una amiga cercana.
“¿Desde hace cuánto tiempo tienes este dolor?” le pregunta la curandera a María.

Ella llora desconsoladamente, como una forma de liberación, de soltar la pena y afirmar que sí, ese dolor no se ha ido, y quizás nunca lo haga. Porque es algo que se lleva en el alma, en la piel, en el silencio, en aquello que calla pero está presente, en lo que se dice y lo que no, en la mirada fija, o en la manera en la que nos relacionamos con el resto.
Para María tal vez ese retraso en la grabación de la película fue en realidad una oportunidad de reconectar con ella misma, de sentir, en lugar de racionalizar las emociones y ceder ante el caos de la ciudad, el ritmo rutinario de la vida y las preocupaciones cotidianas.
Esta “espera” llegó justo en el momento adecuado para que la actriz se entregue de manera libre a la naturaleza y su rol sanador, de desconexión, que nos hace centrar la atención en aquello que nos rodea, nos hace sentir parte de un todo, y ese todo da paso a un encuentro con uno mismo para aliviarse emocionalmente.
Es una película que te hace reflexionar sobre lo humano: conversar, compartir, recorrer otros mundos y conocer personas, como lo hace María, ocasiona un escape de la rutina y abre camino a nuevas perspectivas,a simplemente existir en este todo, a ser.
Asimismo, el silencio, la escucha activa, los simples gestos y conversaciones con extraños son el reflejo de que lo simple crea la vida: el sonido del río, el vaivén de los árboles, las cuerdas de un violín, etc.

La introspección hecha cine
Siete años mencionó su director, José Luis Torres Leiva, que duró la realización de este film.
El cineasta chileno al comenzar la función dio un pequeño discurso, que tras mirar la cinta hace click a la hora de salir del cine:
“Han sido siete años intensos, de transformación profunda. Años marcados por procesos personales, pérdidas que dejaron huella, y una introspección que me llevó a mirar la vida desde otro lugar. Este proyecto nace justamente de eso: de compartir para no sentirnos tan solos en el mundo”, relata.
Y es muy bonito mirar un trabajo que logra tanto con sus movimientos de cámara, planos simétricos y sonido.
El ritmo del filme transmite esa tranquilidad, ternura y profunda admiración por el paisaje austral. A medida que nos adentramos en la historia, se observa una expedición visual que te invita a contemplar Puerto Williams, recorrerlo, habitarlo y empaparte de su cotidianeidad.
Y junto a ello, el sonido, que a mi parecer es el gran protagonista, acompaña y guía a María y al espectador en este viaje interno.
Cada elemento en conjunto permite crear esta historia tan dulce y emotiva.
“Cuando las nubes esconden la sombra” sin duda es una película que no te debes perder.

