«En la Zona Gris»: la alianza letal de dos soldados

«En la Zona Gris»: la alianza letal de dos soldados

El cine de acción contemporáneo encuentra en «En la Zona Gris» un claro de cómo el presupuesto masivo y el estrellato de Hollywood pueden levantar un muro de ruido visual sin que haya absolutamente nada detrás. Bajo la dirección del cineasta británico Guy Ritchie («Kingsman»), la producción vuelve a demostrar su fijación por los relatos hiperactivos, aunque esta vez el resultado se conforma con seguir una receta cuadriculada.

Con un elenco estelar encabezado por Jake Gyllenhaal («Nightcrawler»), Eiza González («Baby Driver»), Henry Cavill («Man of Steel») y Rosamund Pike («Gone Girl»), la película se presenta como el blockbuster definitivo para los amantes de la adrenalina pura, confiando todo el éxito de la función a contar cuántas explosiones, tiroteos y despliegues militares caben por minuto. Al final, el metraje funciona como un parque de atracciones de gran escala que cumple con entretener el rato, pero que se olvida apenas se encienden las luces de la sala.

Un desfile de acción sin profundidad narrativa

El gran problema arranca cuando te das cuenta de que la trama avanza a punta de dinamita y que las sutilezas no le importan a nadie. La dirección quema todas sus naves en el impacto visual inmediato, dejando de lado cualquier intento por darle tres dimensiones a los personajes o lógica a los conflictos. Gyllenhaal y Cavill lideran este festival de testosterona encarnando a los típicos soldados indestructibles que resuelven la existencia a balazos, mientras el guion desarma por completo el potencial de González y Pike, dejándolas en roles secundarios que solo sirven para rellenar los espacios entre una balacera y otra. La película busca sin rodeos a ese público que va al cine a desconectar el cerebro y quiere un panorama directo, entregando un producto industrial que sacrifica la originalidad en el altar del consumo rápido.

La fórmula del blockbuster y el eco de las franquicias

La falta de identidad propia se vuelve molesta a mitad de camino, sobre todo porque la cinta copia descaradamente el modelo que lanzó al estrellato a la franquicia de «Rápidos y Furiosos». En lugar de cerrar una historia redonda, la cinta se la pasa soltando migajas y subtramas a la fuerza con la única intención de preparar el terreno para una secuela y exprimir el carisma de la dupla protagonista. Este enfoque comercial le quita cualquier factor sorpresa al asunto y lo vuelve predecible.

Por otro lado, los consumidores habituales de este tipo de historias van a encontrar un terreno cómodo y conocido, respaldado por unos efectos especiales que gritan el presupuesto que costaron en cada esquina. Para el espectador que busque giros inteligentes o un poco más de fondo, la experiencia termina siendo un ejercicio agotador de parafernalia vacía.

Entretenimiento militarizado para el consumo masivo

En su última hora, la propuesta se transforma en una pasarela que glorifica el armamento militar moderno, usando planos muy cuidados y una fotografía impecable para maquillar la violencia. Hay que reconocer que la conocida destreza técnica de Ritchie para las secuencias de montaje evita que el barco se hunda del todo; el diseño de sonido ensordecedor, la calidad de sus efectos visuales y la edición mantienen el ritmo arriba a base de puros estímulos sensoriales. Sin embargo, toda esa energía se diluye rápido en cuanto aparecen los créditos finales ensombrecidos por la promesa de una continuación que nadie pidió.

«En la Zona Gris» se queda en eso: un escape ruidoso y pasajero que divierte mientras dura el balde de palomitas de maíz con un punto a favor por el carisma de sus caras conocidas, pero que se borra de la cabeza en el estacionamiento del cine por su absoluta vacuidad emocional.

Tráiler oficial de «En la Zona Gris»:

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