Mauricia Saavedra y Ana L'Homme, protagonista y directora del documental "Yo no canto por cantar" respectivamente, sentadas conversando entre ellas.

Mauricia y Ana: los pilares de “Yo no canto por cantar”

En el espacio Casa Gris, los calores primaverales que empiezan a azotar Santiago no tienen relevancia. En su interior, las protagonistas de esta entrevista llevan respondiendo preguntas por una hora. Ambas se complementan con sorprendente equilibrio: una responde con templada sabiduría, mientras la otra denota entusiasmo y nobleza en igual medida. Ambas mujeres están muy orgullosas de su trabajo. Y ambas merecen estarlo.

Durante la temporada más reciente del cine chileno, Yo no canto por cantar” ha sido una de las apuestas más reveladoras. Un documental lleno de valentía y catarsis, este proyecto conecta al público con la tradición del canto campesino y las distintas realidades de la mujer del campo. Grabado en el corazón del Maule, es un pequeño registro de impactante humanidad: sin filtro, sin adorno, y sin rodeos.

Mauricia Saavedra y Ana L’Homme son la columna vertebral de este documental. La primera, cantora campesina, protagonista e hilo conductor de la historia. La segunda, la directora del filme, quien construye el relato audiovisual junto a un equipo de profesionales impecables. En Butaca Roja les contamos más sobre nuestra conversación con este singular dúo de mujeres creativas, pilares del documental del momento.

“Yo no canto por cantar”: la voz de la denuncia social

El título del documental, la frase “yo no canto por cantar”, es recordada también como la icónica frase de apertura en “Manifiesto” de Víctor Jara. El mítico músico chileno recoge esta copla del canto popular, y Mauricia Saavedra explica su significado. “Es una manifestación profunda de que el canto campesino es un canto por sentir, por una cosa profunda del alma”, detalla.

“Obviamente, tiene relación con todo lo que al humano le compete; lo social, cultural y lo emocional”, añade la cantora. “Y atraviesa el área de las denuncias sociales. En el campo sobre todo, [están] las denuncias de los abusos de patrones hacia obreros, las denuncias de las injusticias que ocurren en la sociedad campesina.”

“Si no me equivoco”, interviene Ana L’Homme”, “en su canción, Victor dice ‘yo no canto por cantar […] / canto por que me da sentido y razón’. Entonces, el canto transforma algo en nuestro interior y nos da sentido, le da sentido a la vida. Eso se rescata en el documental, en las cantoras. Al cantar por su sentir, van encontrándose con algo interno mucho más potente”.

Escena del documental "Yo no canto por cantar". Aquí se observa a Mauricia, la protagonista, concentrada escribiendo líricas para sus composiciones musicales.

El peso emocional de las narrativas personales

Durante el rodaje, Mauricia y Ana fueron recopilando juntas los testimonios de las campesinas que forman parte del documental. Cualquiera que vea el documental sabrá que esta no es ninguna tarea sencilla, debido a la naturaleza íntima y catártica de los relatos presentes. Para algunas de las mujeres presentes, su participación significa revelar pedazos muy dolorosos de su pasado por primera vez en sus vidas.

“Cuando abordamos a las cantoras”, explica Ana, “no sabíamos muy bien para dónde iba la moto”. La directora comenta que en un principio, Mauricia era un testimonio más de las campesinas. “Pero de repente me dije, ‘yo no puedo llegar sola frente a las cantoras. ¿Qué me van a decir? Se van a morir de miedo’. La Mauricia tiene que venir conmigo”.

Para Mauricia, capturar los relatos de las cantoras fue una experiencia muy impactante, ya que tampoco conocía del todo sus historias. “Ellas estaban totalmente abiertas a conversar. Y yo fui sorprendida gratamente por la confianza que tenían en mí, con esta entrega gratuita, libre, sin ningún tapujo”. En sus palabras, las mujeres hablaban “con absoluta naturalidad, con un dolor profundo que estaba tratando de salir hace rato”.

Incluso, en una oportunidad ambas reflexionan que el relato que escucharon fue tan fuerte que las remeció profundamente. “En la noche después de la grabación”, explica Ana, “yo le preguntaba a Mauricia, ¿la campesina entenderá que esto va a ser un documental y va a ser público?”. A la mañana siguiente, Mauricia consultó si la campesina en cuestión está de acuerdo con aportar su relato, y sus palabras fueron muy enfáticas: “yo quiero que esto salga”.

Mauricia Saavedra comenta que la confianza recibida “fue muy halagadora. Y también me hizo sentir un compromiso enorme, en el sentido de que queríamos tocar el tema con mucha delicadeza”. Agrega también, que la mano de la directora y sus montajistas permitieron reflejar las historias sutilmente, de una forma muy respetuosa y empática. “Eso es lo que se ve en el documental”.

Escena del documental "Yo no canto por cantar". Aquí, Mauricia se encuentra con Doralisa, una de las cantoras del Maule.

“Ningún derecho se ha ganado quedándonos sentados”

Desde su trinchera del campo, “Yo no canto por cantar” retrata las diversas formas de violencia que han vivido las campesinas a lo largo de las décadas. Estas van desde el machismo, el sexismo y la violencia de género, hasta la violencia política de la dictadura chilena.

Tanto Mauricia como Ana saben que, en el clima sociopolítico del país, los derechos de la mujer y de la comunidad LGBTQ+ están en riesgo. De cara a las elecciones presidenciales de noviembre, los agentes políticos de la derecha muchas veces presentan un desafío, e incluso una amenaza para estos sectores de la sociedad.

Sin embargo, para Mauricia, la respuesta es más que tajante. “Los derechos ganados son ganados”, dice, “y hay que luchar por ellos. Ningún derecho se ha ganado en alguna parte del mundo quedándonos sentados en la silla. Y todos esos derechos que ha ganado el ser humano han sido en una lucha social, con la convicción absoluta de que son inherentes solo por ser seres humanos”.

La cantora detalla que “en las políticas sociales, hay seres que creen que están por sobre otros, creen que tienen la verdad frente a ciertas situaciones y quieren que todos actuemos igual. Yo aprendí de muy chica, mi abuela siempre decía ‘los dedos de la mano no son iguales, por lo tanto ningún hermano es igual a otro’. Todos somos distintos, pero tenemos derechos por igual”.

Ana L’Homme interviene y sus dardos tienen nombre y dirección. “A mi me pasan dos cosas”, enfatiza. “Primero, cuando veo que la extrema derecha podría pasar adelante con su discurso anti-mujer, me da mucha rabia. Nadie recuerda lo que dijo Káiser y Kast hace unos años atrás sobre sacar el Ministerio de la Mujer. Pienso que los derechos ganados los van a sacar de un pincelazo”.

Pero Ana rápidamente apela a su dignidad propia. “Yo quiero ser coherente y digna, así que sí hay que volver a luchar, lo voy a hacer”, indica con esperanzadora determinación. “No sería una repetición de luchas anteriores, porque el momento actual sí es distinto. Hay que reinventar nuestro posicionamiento, nuestra lucha. La historia avanza, pero no avanza en línea recta, y eso es algo que hemos visto en todo tipo de derechos humanos”.

Una comunidad que crece cada día

Mauricia Saavedra y Ana L'Homme, protagonista y directora respectivamente del documental "Yo no canto por cantar".

En una escena del documental, se observa a las cantoras en una reunión, compartiendo entre ellas y junto a sus familias. También comparten sus composiciones y honran el canto campesino en compañía. Esta comunidad ha aflorado con el paso del tiempo y el esfuerzo de miembros dedicados como Mauricia, y esto queda reflejado en la cinta. 

Ambas reflexionan sobre la importancia de vivir en comunidad en tiempos agitados como los presentes. “El individualismo tan de boga hoy”, apunta Ana, “es un camino profundamente errado. Tú no puedes existir sin el otro. Y la negación del otro para potenciarme yo misma termina siendo una cosificación tuya y mía”.

El hombre ha existido en comunidad desde las cavernas”, añade Mauricia. “No podemos vivir sin ella. Nosotros formamos una comunidad de canto campesino, y tratamos de fortalecerla día a día. Necesitamos estar conscientes y atentos, alertas al cambio donde vemos al otro no como una cosa, sino que como un compañero al que valorar. Pasas a ser parte de la comunidad en la medida que tengamos cosas en común”.
Ambas parecen estar de acuerdo: aprender a adaptar nuestro pensamiento con voluntad es la vía. “Estamos ad portas de un salto de conciencia a nivel de humanidad”, sentencia Ana, y Mauricia está de acuerdo. “O tomamos conciencia de que somos otra cosa, o en realidad la situación estará bastante comprometida”.

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