Margarita y Cucho, personajes principales de "Lo que no se dijo", promocionando su línea de teléfonos celulares.

“Lo que no se dijo”: el dolor silencioso de los trabajadores

Todo sea por el bien de la empresa. Aquí somos una familia; cuando uno gana, todos ganamos. Siempre sonreír y mantener la frente en alto. El cliente siempre tiene la razón; mejor escuchar, asentir y no contradecir. Cada sacrificio te acerca aún más a tu meta deseada, así que aguanta y resiste. Cada paso vale la sangre, el sudor y las lágrimas.

Tal como pasa para los protagonistas de “Lo que no se dijo”, el debut de larga duración de Ricardo Valenzuela, trabajar dignifica… hasta que deja de hacerlo. Lo que comienza como un relato con risas tímidas y alientos de optimismo, gradualmente transiciona a un duro y transparente comentario sobre las promesas fallidas de la vida moderna. Es un trago algo amargo, pero también es una película muy necesaria para reflexionar.

“Lo que no se dijo” y la necesidad de la conexión social

En el sur rural del Chile de 1994, Margarita (Patricia Cuyul) y Aniceto “Cucho” (Héctor Morales) trabajan vendiendo teléfonos celulares para Southern Connection. Esta empresa llega al país a brindar cobertura telefónica y conexión hasta en los sitios de más difícil acceso. Naturalmente, esto brinda una estimulante pero desafiante oferta de trabajo para ambos vendedores, que pueden obtener más beneficios mientras más clientes sumen.

Margarita está cargada de esperanza y motivación, actitudes que a ratos chocan con el pragmático y realista Cucho. Pero detrás de la perpetua sonrisa, existe también una realidad familiar compleja, en la que se hace cargo de su hija y su madre enferma, quién no ha dicho una palabra en varios años. Su vecina, la Gena (Mariana Loyola) le tiende una mano mientras también enfrenta sus propios problemas con la gente de la comunidad.

En un principio, Margarita y Cucho se ven determinados a cumplir con sus metas diarias. Sin embargo, una seguidilla de malas experiencias, sumadas a la desazón de sus vidas personales, entran a hacer mella en su bienestar y su salud mental. Los objetivos claros que se plantearon entran a difuminarse, y comienzan a cuestionar si es que realmente todo el sacrificio de su trabajo vale la pena.

Margarita y Cucho, los personajes principales de "Lo que no se dijo", durante una de sus visitas de trabajo.

Retratando las pugnas del trabajador promedio

En “Lo que no se dijo”, el capitalismo nos falla temprano, pero no es hasta que corrompe cuando podemos ver los estragos. La narrativa y la construcción de mundo encuentran un balance muy exitoso en construir una ilusión positiva para luego arrancar la alfombra bajo nuestros pies. Pequeños momentos de comedia y ternura permiten enmascarar con facilidad las penurias que los personajes atraviesan.

Cuando hay que acercarse a tópicos difíciles, la dirección de Valenzuela es valiente y desafiante. Esto se hace evidente en la forma en que se retrata la violencia machista rural que prevalecía en la época, y que no ha desaparecido del todo. Los segmentos más tensos de la película son una cachetada de realidad, sobrecogedores y difíciles de presenciar. También son inmediatamente efectivos en anular la fantasía del trabajo feliz que la empresa busca fomentar.

Patricia Cuyul y Héctor Morales hacen una dupla encantadora como Margarita y Cucho, pero además sobresalen en gran cantidad por su propia cuenta. Ambos son capaces de proyectar una vulnerabilidad herida en sus personajes, cargando el filme con momentos reveladores que oscilan entre la resiliencia y la desesperación.

Aciertos y tropiezos

Donde “Lo que no se dijo” se constituye como un cuestionamiento de los ideales del trabajador, abunda la riqueza de perspectivas. Sin embargo, a la hora de abordar su temática de conflicto familiar, aparecen pequeñas carencias que resultan difíciles de ignorar. Y no es que el filme se descarrile, pero algunas decisiones creativas terminan frustrando más de lo que satisfacen.

Aunque evocativos, los arcos de la mamá de Margarita y la Gena se toman licencias poéticas que resultan un tanto confusas para el público, entorpeciendo el flujo de la historia. A su vez, el peso emocional del tercer acto termina tambaleándose, dando paso a un cierre que no aprovecha la oportunidad de atar cabos sueltos.

Sin embargo, apartando estos detalles, nos quedamos con una puesta en escena conmovedora que dice mucho sobre el sacrificio de la clase trabajadora. Incluso, un ojo fino podría detectar pequeñas comparaciones con la tradición de filmes británicos sobre este segmento, con una sensibilidad que roza el humanismo de directores como Ken Loach.

Tal como ocurre en “Lo que no se dijo”, mañana ya es otro día. Vuelta a la rutina, vuelto a las responsabilidades, y el ciclo continúa. Pero dejando lo cotidiano, este filme también es sobre las oportunidades que abundan en un horizonte distante. ¿Qué hay más allá de la vida adulta que hemos creado para nuestras mismas personas? ¿Es factible permitirnos soñar con una salida? Un cuestionamiento primordial más que necesario, que para muchos puede ser un salvavidas en medio de la nada.

Mira el tráiler de «Lo que no se dijo» aquí:

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *