Este jueves 5 de febrero se estrena en los cines chilenos la nueva película del director Josh Safdie, Marty Supreme, protagonizada por el actor Timothée Chalamet.
Esta película sigue a Marty Mauser, un joven deportista, cuyo propósito en la vida es llegar a ser el mejor jugador de ping-pong en el mundo, y para ello arriesga absolutamente todo lo que tiene para convertir su pasión en algo digno de admirar.

Marty tiene 23 años y sueña con competir en el torneo internacional de ping-pong que se realizará en Londres, representando a Estados Unidos.
Desde el inicio se presenta como un personaje ególatra, “chanta” y extremadamente confiado en sí mismo y en sus habilidades en el deporte. Asimismo, es irreverente pero despierta cierto carisma y simpatía en aquellos que lo rodean, y siempre está dispuesto a hacer lo que sea con tal de cumplir sus sueños y demostrarse, y demostrarle al resto, que es uno de los mejores jugadores de ping-pong del mundo.
Sin embargo, este discurso se quiebra cuando pierde contra Endo, un jugador japonés en la tan anhelada competencia en Londres. Esta derrota es el punto de inflexión de Marty: pierde completamente la cabeza y decide prepararse para la siguiente competencia internacional, desarrollada en Japón, donde además volverá a enfrentarse a su rival Endo.
Lo que parecía encaminarse hacia una película biográfica y dramática se transforma rápidamente en puro caos. La historia pasa a enfocarse en los obstáculos que debe atravesar para costearla.
El ping-pong como pasión
Para Marty el tenis de mesa no es solo un deporte, es un arte, una cosa sagrada, lo que lo motiva a despertarse día a día. Es su sueño, su pasión. Y como reflexionan en «El secreto de sus ojos»: ¿qué es el ser humano sin una pasión?
En este camino, queda en evidencia su peculiar filosofía de vida: todo (su trabajo, sus relaciones, su forma de vivir) está basado en su talento. Marty cree que el dinero debería llegar solo, que basta con confiar en que es el mejor para que los demás lo validen, publiciten y financien.
Sin embargo, ese discurso de no convertir su pasión en un negocio se ve aplastado por la realidad: no tiene plata ni contactos para llegar a Japón. Así que para pagar su deuda termina siendo el show de entretenimiento del entretiempo de los partidos, lo que divierte al público pero también lo degrada y transforma en en un deportista payaso.
Cuando tienes todo en contra y aún así

Y eso no queda ahí, ya que cualquier forma, por más irracional que sea, de obtener dinero le parece válida, porque es lo fácil, lo que conoce, y lo que hasta ahora le ha funcionado. Pero a lo largo del film nos damos cuenta de que todo lo que Marty cree que puede funcionar, en realidad lo enfrasca en una serie de decisiones cada vez más irracionales, complejas y violentas, en donde su vida y la de quienes lo rodean juegan incluso con la muerte.
La película se convierte en un drama caótico, angustiante y peligroso, que transmite la sensación permanente de que no lo va a lograr, de que es una mala persona, un narcisista que utiliza a los demás para alcanzar su objetivo, en donde solo importa él y el ping-pong. Su ego lo empuja demasiado lejos y parece tener todo en contra.
Y tampoco él, consciente de que está todo mal, piensa en frenar: al contrario, no concibe un escenario en el que no gane, en donde no sea el mejor.
Esa negación absoluta del fracaso es lo que vuelve tan emocionante el final de la película. Marty no triunfa como se lo esperaba, no obtiene el título internacional como mejor jugador ni gana la competencia oficial.
Pero como la vida para él siempre es un obstáculo más, también es una jugada más. Es por eso que vence a Endo en una partida donde no solo estaba en juego su ego, sino su travesía personal, su propósito como ser humano, su sueño y hasta ciertos poderes políticos y empresariales que surgen a lo largo del film.
Marty llega, gana esa partida, y eso es suficiente. Su propósito en la vida queda, para él, cumplido.
Actuación ganadora del Oscar

«Marty Supreme» es un juego constante de idas y vueltas, de acciones y consecuencias, de tensiones entre lo que está bien y lo que está mal, entre el moralismo y la ambición, y el deseo personal y lo que se espera en la sociedad.
Con muchos elementos en juego, es una película compleja, caótica y ambiciosa, donde la actuación de Timothée Chalamet se roba todo. A mi parecer, es su mejor interpretación hasta ahora y, sin duda, debería ser la ganadora del Oscar como mejor actor el próximo 15 de marzo.


Sin aún verla… y leyendo esto, Oscar para Timothée. Ya quiero verla. Buen ojo 👌🏻