Escena de "Papá x dos", en donde el personaje de Santiago quema accidentalmente el asado familiar.

«Papá x dos»: cuando el poder del amor no salva la película

Una buena comedia siempre es bienvenida para relajarse cuando el ruido del mundo externo ataca. Por algo son el destino ideal de muchos fans casuales, aunque también tienen sus férreos defensores en la comunidad de cinéfilos. Cuando cada ingrediente está balanceado con sutileza, obras maestras pueden surgir de la nada y conquistar los corazones del público.

Tristemente, también es sano decir que muchas comedias pasan sin pena ni gloria. Puedes tomar una premisa inusual, o seguir las tradiciones del cine, y aun así es posible que las decisiones creativas terminen siendo desafortunadas o poco estimulantes. Si tu película no puede hacer reír de forma realista, simplemente está muerta al llegar a la sala de proyección.

Con un guión que deja mucho que desear y una dirección sin perspectiva personal, «Papá x dos» es solo otro desacierto que termina por hundirse. El star power del siempre carismático Benjamín Vicuña no basta para levantar una historia tan poco convincente que te deja pensando en la hora y media de tiempo invertidas en entender todo el enredo.

«Papá x dos», un triángulo de amor inconveniente

Santiago (Vicuña) ya está entrado en sus cuarentas, y siente que el tiempo se le va. Por lo mismo, quiere dar el siguiente paso con su novia Ana (Celeste Cid), e irse a vivir juntos. Ambos son una dualidad intrigante; Santi es cuadrado a más no poder, planificando cada detalle, mientras que Ana es de espíritu libre, prefiriendo el carpe diem ante todo.

El tema es que Ana tiene un asunto pendiente del cual hablarle a Santi. Antes de formalizar su relación juntos, tuvo un encuentro con Pancho (Lucas Akoskin), su ex novio… y acabó embarazada de él. Después del desencanto inicial, Santi decide aceptar al bebé que Ana tendrá, buscando fortalecer su relación con ella. Tras este incidente, se mudan juntos y su vida de pareja toma un nuevo rumbo…

…hasta que Pancho aparece en la puerta de la casa de los novios, deseoso de conocer a su futuro hijo y formar parte de la familia. Su presencia es una absoluta intrusión para Santi, quién debe lidiar con la popularidad de Pancho frente a su familia, y la amistad que mantiene con Ana. Pero sobre todas las cosas, nuestro protagonista debe encarar un enemigo interno igual de fuerte: su propio perfeccionismo e inseguridad.

El cringe como fuerza desestabilizadora

«Papá x dos» está enraizada en un conflicto central bastante improbable, algo que no es un problema, ya que muchas comedias se basan en explorar historias fuera de lo común. Pero la dirección de Hernán Guerschuny es desorganizada y frustrante, sobrecargando la historia con una serie de escenas poco alentadoras que solo confunden al espectador.

Una vez que termina el acto inicial, no es difícil para la audiencia ponerse en los zapatos de Santi. Hablamos de una situación poco usual que viene a romper las estructuras de un personaje ya bastante cuadrado. Todo sentido de empatía se dispersa rápido cuando lo ataca su fragilidad masculina, en un display que está pensado para risas, pero que solo induce sonrisas de incomodidad.

La cinta podría elegir explorar la confusión emocional que solo dicho escenario puede generar. En vez de eso, pierde su tiempo estableciendo una rivalidad poco interesante entre Santi y Pancho, empujando afuera cualquier desarrollo para el personaje de Celeste Cid. Los siguientes 90 minutos son una oda a la inmadurez y la mezquindad; en lugar de ablandar el corazón, solo lo fruncen.

Santiago, el personaje de Benjamín Vicuña, bailando en un club.

Una comedia que no aterriza en terreno firme

Al momento de confrontar su problemática amorosa, «Papá x dos» sufre de un desbalance tonal que chupa todo el aire de la sala de cine. El cringe comedy que predomina por la primera mitad del filme pasa a segundo plano, después de hacerle un muy flaco favor a la narrativa. Pese a esto, los momentos de introspección que lo reemplazan no logran conmover.

Desde ahí, la historia entre Santi y Pancho toma la delantera con giros tumultuosos y una aparición medio inexplicable de Sergio Freire en la pantalla. El camino hacia el desenlace es tradicional y esperable, diseñado para poner un broche de oro pero sintiéndose como un listón barato. Resulta difícil sacudirse la sensación de vacío emocional que queda tras un filme así, cómo de preguntarse cuál era el propósito y no encontrar respuesta.

Existen pequeños atisbos de química en la unidad del elenco. Cada actor brinda energía genuina para mantener el momentum, especialmente Vicuña, Cid y María Gracia Omegna, en el rol de la ácida pero preocupada Teresa. Sin embargo, las interpretaciones no son las más excepciones en cada actor, y muchos de los personajes terminan siendo muy poco memorables para la audiencia.

En «Papá x dos», ni la comedia física, ni el cringe ni los chistes dejan huella, convirtiéndose en una inofensiva nada. Aún con una trama bastante inusual, la película igual encuentra la forma de caer en múltiples lugares comunes de este tipo de cine. No molesta tanto la sensación de que repita cosas y no sea original; más bien, es la sensación que simplemente pudo ser mucho mejor ejecutada.

Revisa acá el tráiler oficial de «Papá x dos»:

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