La relación entre el amor y la guerra es un tema recurrente en el cine. En el contexto de la comedia, «Splitsville» (o «Amores compartidos» para Latinoamérica) se presenta como una obra que retoma esta idea para examinar los conflictos que emergen cuando el corazón y la razón entran en una batalla personal.
Dirigida por Michael Angelo Covino y coescrita por él mismo junto a Kyle Marvin, la película se define desde sus primeros momentos, una secuencia que establece un tono irreverente al mezclar el humor sexual con las amenazas a la vida y el matrimonio. Este punto de partida le permite a la película establecer una visión satírica y, en ocasiones, cruda sobre las dinámicas de las relaciones contemporáneas y la difusa línea entre la amistad y el romance. El filme, lejos de ser una comedia romántica convencional, se acerca al estilo audaz de las cintas de la década de 1970, permitiendo que sus personajes sean problemáticos e inmaduros, sin sacrificar la comedia.
Una historia sobre el amor y la locura
La trama se centra en Carey (Kyle Marvin), un hombre que, tras una revelación sobre la infidelidad de su esposa Ashley (Adria Arjona), enfrenta su solicitud de divorcio. En medio de una reacción exagerada, huye a la casa de playa de su amigo Paul (Michael Angelo Covino) y la esposa de este, Julie (Dakota Johnson). Para su sorpresa, Carey descubre que su matrimonio ideal no es lo que parece; Paul y Julie tienen una relación abierta. Este hallazgo desata una serie de eventos que hacen que la distinción entre amigos y amantes se desdibuje, lo que resulta en una serie de consecuencias complejas.
«Splitsville» no recurre a una visión anticuada de las relaciones. En lugar de ello, permite que sus personajes sean el centro de las burlas, exponiendo sus debilidades de forma consistente. La película es un ejercicio sobre las inseguridades y los conflictos emocionales que se esconden detrás de las fachadas de felicidad.

Elenco y la dirección cinematográfica del caos
En el epicentro de la trama está el personaje de Julie, interpretado por Dakota Johnson. Aunque el guion la presenta como una figura secundaria, Johnson, con su talento, le otorga una dimensión más intrigante, alejándola de los roles más dramáticos que ha tenido en otros proyectos. Por su parte, Adria Arjona, como Ashley, logra dar profundidad a un personaje que también es superficial, mostrando una presencia cada vez más cautivadora en pantalla.
La película, en general, se apoya en la habilidad de Covino y Marvin para interpretar a sus personajes, explorando sus inseguridades de manera fluida a lo largo del filme. El desarrollo episódico de la narrativa, que a menudo salta grandes periodos de tiempo, funciona casi como una serie de cortometrajes que van construyendo las personalidades de Carey y Paul, revelando sus absurdos de una manera que resulta natural y cómica. Un cameo de Nicholas Braun (Greg en «Succession) como un mago de fiestas infantiles también aporta un momento de humor particular al filme.

En cuanto a lo técnico, la dirección de Michael Angelo Covino, quien también coescribe y actúa, se siente segura y deliberada. A pesar de los comportamientos cuestionables de los personajes, la película es visualmente agradable gracias a la cinematografía de Adam Newport-Berra. El director de fotografía juega usando tomas amplias para mostrar lo pequeños que son los personajes en la opulencia de su entorno. De igual forma, la edición de Sara Shaw le da espacio a la comedia para que se desarrolle, como se ve en una escena de pelea entre Carey y Paul, que es tanto caótica como ridícula.
La sinceridad de una comedia anti-comercial
«Splitsville» no es una comedia romántica convencional. Se adentra en un territorio más directo y transgresor, utilizando el humor como un medio para explorar emociones más complicadas. La película se regodea al ver cómo las relaciones de sus personajes se desmoronan, lo que es un enfoque inusual para el género. A pesar de esto, se mantiene como una obra coherente gracias a la habilidad de Covino y Marvin para equilibrar los momentos cómicos con las consecuencias dramáticas.

No obstante, la narrativa puede tener un ritmo un tanto irregular, con algunos chistes que parecen demasiado separados, y un final que, aunque inevitable, puede parecer algo apresurado.
En su esencia, la película es una crítica y, a la vez, una celebración de la complejidad de las relaciones humanas. Muestra que, sin importar cuánto se intente controlar el amor, la vulnerabilidad siempre se manifestará. El filme se arriesga a poner en primer plano todas las inseguridades y los comportamientos erráticos de sus personajes, mostrando una sinceridad que no se ve a menudo en las comedias románticas.
A pesar de sus posibles imperfecciones, Splitville es una adición valiosa al género, que desafía al público a preguntarse si en las relaciones, es realmente posible salir ileso.

