Mauricia Saavedra, protagonista de "Yo no canto por cantar", tocando la guitarra en el jardín de una casa.

“Yo no canto por cantar”: el rostro rebelde de las cantoras

Mauricia Saavedra ha llevado la música en su sangre toda la vida. Un legado que le fue transmitido cuando era pequeña por su abuela, la cantora mantiene la llama viva compartiendo sus canciones con la comunidad campestre. Más allá de las composiciones, existen vidas completas documentadas en el arte del folclor chileno, vidas llenas de anécdotas y experiencias que merecen ser escuchadas.

El ojo detallista de Ana L’Homme capta estas historias en “Yo no canto por cantar”, un documental magistral, auténtico y conmovedor que sigue a las cantoras de la séptima región. A la vez, también es un desgarrador retrato de la violencia y las heridas que cargan las mujeres del campo, y de la forma en que crean esperanza a través de los dolores más profundos.

Mauricia Saavedra ensayando sus composiciones con la guitarra.

“Yo no canto por cantar”, la voz de la mujer guerrera

La visión configurada por L’Homme y su equipo es una que prioriza el storytelling y la desnudez visual por encima de los ejercicios estéticos pretenciosos. Es una especie de honestidad fílmica que amplifica la intención del documental, creando un lienzo en blanco para la completa libertad de expresión de las cantoras.

Mauricia sirve como figura central en la narrativa, una mujer campesina lesbiana que sededica al arte musical. A la vez, funciona como una especie de caballo de Troya, abriendo paso para darnos a conocer a otras campesinas del sector: Anita Julia, Doralisa, María Eugenia, entre otras. Todas ellas comparten sus composiciones con una sinceridad desconcertante, capaz de desarmar al más acérrimo de los cínicos.

Gracias al tratamiento visual sencillo y directo de la cinta, es difícil quitar la mirada de la pantalla. Imágenes impactantes del campo del Maule a distintas horas del día sirven como colchón para sostener los relatos. De este modo, se potencia un balance entre la delicadeza de la naturaleza y la crudeza humana que aflora de distintas formas en cada historia.

Anita Julia Rojas, una de las cantoras de "Yo no canto por cantar", tocando su canción.

Sanando las heridas del pasado

En el corazón de su narrativa, “Yo no canto por cantar” trata sobre cómo nos reconciliamos con la vida y las cartas que esta nos ha ofrecido. La sanación es un eje principal en cada historia, pero hablamos de una sanación imperfecta, caótica y real. El filme nos muestra cómo, a través del apoyo y la comunidad, Mauricia ayuda a muchas cantoras a asumirse como tales, compartiendo su arte y sus lecciones de vida con él.

A medida que Mauricia presenta a las demás cantoras, un amplio y brutal rango de tópicos entran en discusión. Historias de infidelidad, violencia doméstica, familiar disfuncionales, agresiones sexuales y de detenidos desaparecidos durante la dictadura son algunos de los temas presentes. Cada mujer dedica su segmento a desempacar estás terribles verdades con una transparencia conmovedora.

La experticia de Mauricia y Ana en el manejo de los tópicos sensibles crea un espacio seguro, honrando la humanidad de cada cantora. En ese sentido, ‘Yo no canto por cantar” brilla también como un homenaje a la comunidad en tiempos de lucha. Su mensaje de resistencia y resiliencia lo convierte en una experiencia vital y trascendental, dolorosa pero necesaria para crear un futuro mejor.

Mauricia le hace clases de guitarra a una adolescente de la localidad.

Marcando una huella en el mundo que conoces

En los momentos finales del documental, su protagonista hace una pequeña pausa para reflexionar sobre su trayecto personal. “La mayor satisfacción que puede tener un campesino”, señala Mauricia, “es el sembrar sus semillas”. Un sentimiento genuino, nos recuerda que muchas veces en la vida, los verdaderos placeres radican en el viaje y no en el destino.

“Yo no sé si voy a ver esos frutos”, sentencia con una aceptación melancólica. “Mi vida va avanzando rápidamente, y siento un temor de tener que partir sin haber terminado mi trabajo”. Pero el documento visual de Ana L’Homme sugiere lo contrario, ilustrando la auténtica fortaleza de los vínculos construidos desde la autenticidad tan inherente a Mauricia.

“Yo no canto por cantar” es un sentido tributo al coraje inquebrantable de la mujer campesina, y un retrato fiel del legado eterno de las cantoras. Con una producción sin adornos y una dirección honesta, nos muestra una cara de un Chile que muchas veces es olvidado por las masas. Es un Chile que se rehúsa a dejar la tradición morir, pero también entiende la urgencia de transformarse y evolucionar con los tiempos.

El fruto que Mauricia ha sembrado a lo largo de su vida continúa floreciendo, y como audiencia nos volvemos partícipes a través de la memoria y el folclor. Y mientras la labor de las cantoras esté plasmada en la pantalla, su resonar será profundo y duradero.

Mira el tráiler de «Yo no canto por cantar» aquí:

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