La pregunta resuena desde 1818: ¿Quién es el verdadero monstruo? Guillermo del Toro, maestro de lo macabro y lo hermoso, retoma el clásico de Mary Shelley, «Frankenstein» (o también llamado el moderno Prometeo) en una nueva adaptación disponible en Netflix.
Del Toro, el visionario detrás de «El laberinto del fauno» y «La forma del agua», no solo logra llevar el libro a la pantalla, sino que le inyecta un matiz personal que solo él podía ofrecer: humaniza a La Criatura (Jacob Elordi) más allá de lo que cualquier adaptación previa se había atrevido. El cineasta utiliza al antihéroe más trágico de la literatura para explorar temas de creación, abandono y la inherente belleza que puede existir en lo defectuoso.

Un comienzo épico y una narrativa a dos voces
La historia nos atrapa desde el Polo Norte, donde un barco varado en el hielo es testigo de una violenta persecución. Un hombre herido, el Doctor Víctor Frankenstein (Oscar Isaac), es rescatado, pero pronto revela que la figura bípeda y enorme que lo persigue —La Criatura— vendrá a buscarlo. Ante la incredulidad del capitán, Víctor comienza su relato, y, fiel a la novela, la narración se desdobla, primero con el relato del científico y luego con la perspectiva de La Criatura.
Este relato es una de las mejores historias góticas retratadas en el cine actual, planteando cuestiones eternas sobre la humanidad, la paternidad y la responsabilidad científica. Del Toro captura a la perfección esta esencia.

La película profundiza sin tapujos en el tema del trauma generacional. Del Toro expande la historia familiar de Víctor, mostrando que su crueldad y resentimiento hacia La Criatura son un eco directo de la decepción y el abuso que sufrió de su propio padre (Charles Dance).
Este enfoque de paternidad fallida subraya que el verdadero monstruo es la cadena de abandono y desaprobación que Víctor replica con su creación. La participación de Mia Goth como Elizabeth Harlander, la prometida del hermano de Víctor, también es crucial, pues su compasión por La Criatura actúa como un espejo moral de la insensibilidad del doctor.

Jacob Elordi y la humanidad del horror
El elenco está impecable. Oscar Isaac proyecta la obsesión de Víctor con maestría, pero es Jacob Elordi quien se lleva el foco como La Criatura.
El actor, a pesar del extenso trabajo protésico, logra un impacto visceral al transmitir una vulnerabilidad profunda y conmovedora. Su interpretación se diferencia de la rigidez de las versiones clásicas; utiliza movimientos fluidos y propósitos, encarnando a la Criatura no como un bruto, sino como un ser sensible, un hijo incomprendido que busca amor y se endurece por la soledad y el rechazo.

Un punto que generó debate fue el diseño de La Criatura. Del Toro eligió conscientemente un diseño que se aleja del icono de Boris Karloff. «Frankenstein» aborda el diseño de La Criatura de forma lógica, creando una figura ensamblada con suturas limpias que reflejan la obsesión y el perfeccionismo de Víctor, en lugar de las costuras burdas vistas en versiones anteriores.
La magia cinematográfica de Del Toro
Ver «Frankenstein» es una experiencia puramente Del Toro: la ambientación gótica está repleta de claroscuros, colores intensos y diseños complejos. Definitivamente,la cinematografía de la cinta es espectacular.
Colaboradores de confianza como Kate Hawley (vestuario) y Dan Laustsen (fotografía) contribuyen a crear una atmósfera gótica atemporal, donde la luz y el color se usan de manera experta para acentuar la emoción en cada escena, haciendo que cada cuadro sea una auténtica alegría de contemplar.

Además el score, a cargo de Alexandre Desplat («El discurso del Rey») acompaña esta obra, intensificando tanto el terror gótico como la melancolía de la relación entre padre e hijo. También, hay que destacar la puesta en escena, con planos de larga duración y movimientos de cámara constantes que invitan a recorrer los escenarios, algo muy bienvenido en contraste con la tendencia actual de desenfocar los fondos.
El final de la película, aunque toma libertades creativas, se enfoca en la resolución del conflicto entre creador y creación. Del Toro opta por una conclusión que, aunque diferente a la ambigüedad de Shelley, subraya el mensaje central de la redención y la empatía, un sello distintivo de su filmografía.

El corto paso por los cines antes de su llegada a Netflix fue lamentable, pues la escala de la película merecía la gran pantalla. «Frankenstein» (2025) es una joya gótica que ofrece una perspectiva íntima y poderosa sobre el precio de la ambición.

