Este 6 de agosto se estrena en salas nacionales «A natureza das coisas invisíveis» (2025). Una película chileno-brasileña, dirigida por Rafaela Camelo, y que aborda las distintas dimensiones de la vida, la enfermedad y la muerte, en la vida de dos niñas. Si lloraste con «Aftersun» (2022) y te gustan las películas coming-of-age como Cuerpo Celeste (2025), no te la puedes perder.

La muerte desde la mirada infantil
La ópera prima de Rafaela Camelo llega a tratar dos tópicos que, idealmente, no quisiéramos ver relacionados: la infancia y la muerte. A pesar de lo crudo que puedan sonar estas dos palabras juntas, las protagonistas muestran una vinculación muy orgánica con el fin de la vida: con juego, cierto temor que motiva una curiosidad, incluso risas. La inocencia, en algún punto, se vuelve en un tipo muy específico de insensibilidad. Algo que contrasta con el estado de estrés que experimentan las madres de las niñas.
Glória se ve obligada a pasar sus vacaciones de verano con su mamá, quien trabaja como enfermera geriátrica en un hospital en Brasilia. Pasa el rato jugando sola y visitando a los pacientes de su madre, quienes la tratan con mucho afecto. Es en ese contexto que conoce a Sofía, quien llega a la sala de urgencias porque su bisabuela sufrió una caída.
Las niñas conectan en un espacio en que solo se tienen la una a la otra, rodeadas de adultos demasiado ocupados como para ponerles atención. Glória le muestra a Sofía sus pasatiempos dentro del hospital: escuchar historias de abuelos internados, revolver las pertenencias de pacientes «que se han ido», dibujar en el yeso de Bisa, como le dice Sofía a su bisabuela. La muerte está sobre ellas como una nube: no les hace nada, pero se mantiene latente.

El entramado femenino y transgeneracional
En paralelo y de forma inevitable, las madres de las protagonistas también generan un vínculo. Primero, en relación médico-representante del paciente, en la que Antônia (mamá de Glória) presencia la angustia de Simone (mamá de Sofía) ante la situación que debe enfrentar como cuidadora. Progresivamente, también se genera un apoyo y amistad entre ellas. Esto impulsa la segunda parte de la historia: el traslado de Bisa Francisca a su casa en el campo, en busca de una mejoría.
Esta película se peina con el test de Bechdel: la gran mayoría de los personajes son mujeres. Los pocos personajes hombres son incidentales, y la ausencia de las figuras paternas de ambas niñas no es un aspecto relevante para sus argumentos.
De hecho, los conflictos madre e hija ejercen una gran influencia en el avance de la historia. Lejos de mostrar una idealización, la obra de Camelo es muy realista en cuanto a cómo la presión afecta a una madre soltera. La directora logra algo muy bonito y muy difícil: que no tomemos bandos por nadie, sino que entendamos que las cargas de todos los personajes son válidas.

Una magia implícita
Latinoamérica no puede escapar al realismo mágico, y esta película no es la excepción. Uno mis aspectos favoritos del filme es cómo transita progresivamente hacia un estado de misticismo, que se instala por completo cuando llegan a su destino.
Si bien el cambio entre el hospital y el campo abierto pareciera ser abrupto, lo cierto es que hay múltiples elementos simbólicos que introducen a este universo. Glória desde el principio se presenta como una niña que se siente fuera de lugar y que está en un limbo espiritual, dado que fue sometida a un trasplante de corazón. Mientras que Sofía, muy conectada con su bisabuela, es la encarnación de su propia abuela: mamá de Simone, hija de Bisa. El eslabón perdido de esta estirpe femenina.
Una vez en la zona rural, los personajes (y una misma) entran en una dinámica que contrasta con el procedimiento lógico de la medicina tradicional. Hierbas, rezos, santos regados por toda la casa, con el cacareo de las gallinas en segundo plano. Por fin se desatan varios miedos y anhelos de los personajes, incluyendo a Bisa, quien a pesar de su alzheimer reconecta con su hogar y con su tradición de curandera.
Las protagonistas llegan a un punto de entendimiento que a cualquier persona le marcaría un antes y un después. No hay peleas ni enemigos: el verdadero conflicto es el personal y a ratos con sus madres. «La naturaleza de las cosas invisibles» plantea un camino difícil, pero cómo este puede allanarse gracias a una red de apoyo.
Sobre la película
«A natureza das coisas invisíveis» fue producida por la chilena Rebeca Gutiérrez Campos. Participó de la selección Generation en la Berlinale 2025, y ha recibido diferentes nominaciones en festivales internacionales. Recibió tres nominaciones al Gran Premio del Cine Brasileño, incluyendo Mejor Guion y Mejor Director.

